Registro civil en el hospital

Hace dos años tardé aproximadamente una hora en ir al registro civil y registrar a nuestro hijo Óliver. Este año contábamos con la ventaja de poder hacerlo directamente en el hospital con nuestra hija Alma. Todo un avance. O no.

Al llegar al mostrador del Hospital Clínico en Madrid, me tuercen el gesto diciendo que acaba de entrar un hombre para registrar a unos gemelos y que va para rato. Defíname rato: “una media hora por cada niño”.

Lo primero que pensé, es que era la Venus de Milo la que debía teclear los datos del niño para enviarlos al registro civil de Madrid o quizá usaban señales de humo. No, pero casi. Una hora y cuarto esperando para entrar tras el padre de los gemelos.

Al comentar al funcionario de turno mi frustración, me transmite una resignación alejada de la preocupación o bochorno por el pésimo servicio. “Ya me gustaría a mi poder hacerlo más rápido”. Miro la pantalla de su ordenador donde leo “Windows XP”. Vamos encajando piezas.

El caso es que conmigo estuvieron más de media hora, porque en el último paso la aplicación se quedaba colgada y se perdían todos los datos. La opción que le sugerí de guardar un borrador de los datos antes de perderlos, se antojaba demasiado compleja para mi interlocutor.

“Menos tiempo para los trámites, más para disfrutar de tu bebé”. Eso reza la campaña de este servicio.

Cuando llegué a la habitación, mi chica me preguntó que si me había ido a por tabaco. Le dije que no, pero que con este “avance” de registrar al bebé en el hospital, nos habían vendido humo.

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