Nueve días y medio

manuela soriano

Aquel sábado gris lo era por tener que ir a un trabajo de igual tonalidad. Sin embargo, esa mañana, en las páginas rutinarias de un suplemento dominical encontré una flor entre la maleza.

“Banda sonora personalizada”. Bajo ese título encontré a una joven compositora y cantante, que ofrecía la posibilidad de hacer realidad una canción en exclusiva para ti, sobre quien o lo que tú quisieras.

Después de mucho tiempo, algo me hizo frenar mi mirada, detener mis ojos y rescatar mi interés por algo relacionado con lo que hago habitualmente yo: transformar sentimientos ajenos en algo emotivo.

Ese encendido emocional puso en marcha un sistema operativo que llevaba tiempo hibernando; el referente a escribir algo en forma de rima, seguramente por el esfuerzo orfebre que conlleva si no quieres soñar ridículo o infantil.

En este viaje, sentí que saltaba al otro lado de donde estaba empadronado. Casi sin darme cuenta me vi cotilleando la web de Manuela, nombre contundente y que deja huella, en busca de ejemplos de su trabajo… Pronto encontré canciones de historias ajenas.

Me encantaron.

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Al instante siguiente estaba mirando la forma de formalizar mi pedido sin saber muy bien en qué iba a consistir. Finalmente elegí esa costumbre en extinción que optimiza el tiempo entre las personas: una llamada de teléfono.

Dedicarse al trabajo de su vida desde 2010, no había impedido que fuera ella la que me cogió el teléfono. Lo que me hacía pensar que era una persona sencilla que seguía con los pies en el suelo. Me sonaba esa actitud. Como si escuchara mi voz al otro lado atendiendo un monólogo de una pareja el día que presuntamente iba a ser el más feliz de su vida.

Sin tenerlo del todo claro, como las cosas que realmente merecen la pena, le propuse a Manuela escribir yo la letra de una canción y ver la posibilidad de que ella la adaptara.

Aceptó sin pestañear (creo). No sé si pensaba que haría lo que pudiera con lo que le enviara o si realmente pensaba que íbamos a rimar de forma tan innata como terminó sucediendo.

Mi emoción contenida pasó por alto el precio, pero no el plazo. Fui generoso y le confesé que no tenía prisa. Que las fechas señaladas habían pasado casi de largo y que iba a ser un regalo en diferido.

Me dijo que tardaría más o menos un mes.

En menos de una hora le remití la letra de nuestra canción.

TÍTULO: Esdrújula.

No habían pasado ni diez días cuando a mi What´s App llegó un fichero de 3 minutos y 45 segundos.

Allí estaba mi letra, nuestra increíble historia, su música en armonía y su voz acariciando cada sílaba. Era el regalo perfecto, para quien lo recibe y para quien lo hace.

Gracias Manuela, por contagiarte de tanta ilusión.

¿Quieres escuchar el resultado?. Haz clic aquí. 

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