Cómo elegir escuela infantil

Escribo estas palabras con el peligro que percibo de ser calificado de pedante. Me arriesgaré. No es la primera vez que recibo ese apelativo al hablar de nuestros hijos, sobre todo del “mayor” de casi tres años, que ya comienza a mostrar los frutos de cómo hemos decidido educarle. El método NTNTC, también conocido como: “ni tanto ni tan calvo”.

En este tiempo hemos tenido la oportunidad de enfrentarnos a decisiones como el tipo de escuela infantil a la que iban a ir nuestros hijos. Tuvimos claro desde el principio que sería una escuela pública, una muy concreta y en gran medida por cercanía. Es cierto que a estas alturas hay alguna cosas que se podrían mejorar sobre todo en la dirección de la escuela, pero consideramos que esa experiencia forma parte de su socialización como persona y le reporta grandes beneficios.

También en este viaje conocimos cómo de perverso es el sistema de reserva de plazas para beneficiar a los colegios concertados. Pero ese es otro tema.

Quiero en este punto romper una lanza esta vez en contra del método “le llevamos al mismo colegio que fui yo de pequeño”. Sobre todo si ese colegio es religioso y luego te sorprende que tengan método pedagógicos que nada tienen que ver con la educación moderna.

Dudo que nuestros padres tuvieran el acierto de llevarnos al mejor colegio del mundo. Y si así lo percibimos, deberíamos dar la oportunidad de que nuestro hijo viva su propia vida y trace su propio sendero, en lugar de seguir nuestras huellas para ver si termina siendo si no como nosotros,  si como nosotros esperamos. Demasiada presión.

En este viaje puede surgir también la idea de que es mejor llevarle a un colegio sensorial tipo “Montesori”, porque van a sacar lo mejor de él. Es entonces cuando se da la circunstancia de que si, el niño en el colegio muy sensorial y mucha mandanga, pero el vástago al final tienen la sensación de que es huérfano porque sus padres trabajan de sol a sol para pagar ese colegio. Desvestir a un santo, para vestir a otro. Amén.

Prueba a hacer unas galletas con tu hijo o dejarle que meta la mano en tu huerto urbano. Si lo hace contigo el efecto se multiplica por infinito.

Nuestro camino no es el mejor de forma absoluta, pero si que está dando frutos que nos sorprenden en lo positivo con mucha frecuencia. En ningún momento hemos pensado en crear a un genio sobre un excel, simplemente hemos pensado que el amor de sus padres, el que ven y el que reciben, es la mejor receta para el éxito de su propia felicidad.

Mi humilde consejo es que no escojamos para nuestros hijos un colegio de nuestra época, sino uno de la suya.

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s