Mercadona. Una mala comunicación

No voy a entrar en la verdad o mentira de lo que ayer se vio en el programa de Jordi Évole sobre Mercadona. Quiero centrarme en la sensación de cómo una mala comunicación por parte de una empresa, puede arruinar el discurso por completo de la misma.

Sin entrar en el fondo y quedándome más en la forma, me dio la sensación de que todos los representantes de Mercadona estaban aleccionados por una política de comunicación que les dio un argumentario de los años 80. Todo lo que dijeron, especialmente Patricia… “la chica de verde” en las redes sociales y reina de las lechugas, suena a mensaje robotizado  que denota dos cosas. La primera, que han sido asesorados por gente del siglo pasado  y segundo, que para algo suene natural tienen que estar muchísimo más interiorizado.

Para los anales, la vinculación del bajo absentismo laboral con “el gran equipo de médicos de Mercadona”, que tienen el dudoso poder de evitar las bajas laborales porque deben controlar hasta el sistema inmunitario de los empleados con una App. 

Pero no solamente la chica Terminator Green fue nefasta. También los que aparecieron en el comienzo como gerentes y engargados. De puro bochorno fue cuando Manolo, el engargado del Mercadona de Eibar, nos quiso mostrar con un calzador de cuatro metros cómo donaban lo que no vendían a la caridad. Como siempre, un magistral Jordi Évole le sacó los colores como el que no quiere la cosa recordándole la vieja consigna “vox populi” de que “MercaNOdona”. Como diría Pedrerol, quedó “retratado”.

Los empleados que salieron al comienzo elogiando están nominados como poco a los Goya de este año. Su falta de naturalidad, arruinó cualquier atisbo de credibilidad. Parecían de una secta.

El momento “Mannequin Challenge” fue de traca cuando Évole puso sobre la mesa la “rebeldía de una trabajadora”, de la que Jordi dijo que si le quedaban cuatro días en la empresa. Fueron 4 segundos eternos y que echaban más cal viva a la comunicación de Mercadona como empresa.

Agustín Catalá, uno de los peces gordos  que dio la cara, tuvo un argumentario 100% mafioso y su lenguaje no verbal era un repertorio espeluznante de cómo alguien está mintiendo y sigue las consignas de la voz de su amo.

En definitiva y sin tomar partido sobre los argumentos expuestos por la empresa versus los trabajadores descontentos, Mercadona debería hacer algo hoy a primera hora. Cambiar de asesores en comunicación.

Por lo demás, los buenos precios tienen un precio.

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