Los niños que me acogieron

Era un sábado lluvioso de finales de noviembre. La nieve bordeaba la carretera anunciando la llegada inminente de un invierno cada vez más corto, cada vez más breve. 

Me dirigía junto con un compañero a un albergue situado en la sierra de Madrid. Allí me esperaban casi medio centenar de chavales con vidas muy singulares. Eran niños y niñas de acogida que estaban pasando dos días lejos de su realidad. Haciendo piña y trastadas casi a partes iguales.

Era la primera vez que iba a tener un público que me provocaba unos nervios inéditos. Culinariamente estaba hecho un flan porque no sabía cómo iba a conectar con ellos. Cualquier tipo de estrategia o experiencia previa no servían para nada. De hecho, la noche anterior estaba delante de mis ideas sin saber qué más apuntar, qué recurso usar para poder garantizarme la conexión con ese público.

Hasta que llegué allí, los vi, desayunamos todos juntos y comencé a entender en mi interior una premisa: no tenía que actuar ante ellos. Tenía que ser yo mismo. 

Eso es lo que hice. Les conté una vida tan normal como la mía, pero vista desde un punto de vista singular y sobre todo, con una franqueza y emoción que resultaron decisivas para conectar con sus corazones. Vale, alguno se durmió durante mi charla, pero eso tenía que ver con la noche toledana anterior.

No solamente ellos, también los voluntarios de Soñar Despierto y de la Fundación Profesor Uría fueron una piña con mi relato. Una charla que habla de no ser el típico, de perseguir sueños para que no te alcancen las pesadillas y cómo el amor, es la fuerza más importante que tenemos en nuestro interior.

Mi conversación con ellos terminó con una canción que no llega a cuatro minutos. Una melodía cuya letra incluye algunas de las frases que había compartido con ellos en aquella fría mañana de otoño. Esos tres minutos y cincuenta segundos de silencio absoluto con esos oyentes tan especiales, fueron el preludio de un aluvión de cariño que recibí de aquellos niños que se emocionaron y me conmovieron con sus miradas, sus besos y abrazos.

Ese día volvió a mi esa sensación de que la vida te atraviesa. Esa mañana fui yo el acogido por estos chavales que me abrieron sus corazones para llenarlos de una pizca de esperanza y algunas notas afinadas con emoción.

Gracias a tod@s.

 

5 comentarios sobre “Los niños que me acogieron

  1. Gracias Nacho, por involucrarte tanto y entender tu papel en esta historia. La esperanza y el humor es esencial para todos, pero en especial para ellos.

    De parte del equipo de Soñar Despierto, ¡gracias por atreverte a ser parte de este sueño!

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