Carta para despedirme de mis compañeros

MADRID, 1 de diciembre de 2016 – Si todo ha ido bien, estas palabras habrán tenido la difusión suficiente para ser “cazadas” por los eficientes motores de búsqueda de la empresa en la que he trabajado la mitad de mi vida.

Todo comenzó en una oficina vacía, sentado en una moqueta un 15 de septiembre de 1996 esperando a que viniera el de telefónica a conectar la línea. Como si fuera el primer latido de aquella aventura. En aquel momento no podía imaginar que sería capaz de construir toda una vida alrededor de ese proyecto empresarial que ahora ha terminado para mí.

He vivido de todo en esta mitad de mi vida. Fui testigo de la actualidad desde todos los puntos de vista durante veinte años, me enamoré dos veces de compañeras de trabajo, publiqué más de dos mil quinientas cartas al director y como responsable de recursos humanos entrevisté a centenares de personas que arrimaron el hombro para hacer grande este humilde proyecto.

Capeamos juntos crisis importantes; muchos apagones gracias a Iberdrola, alguna pequeña inundación, pero jamás con mi equipo dejamos de dar servicio a nuestros clientes durante los más de siete mil días y noches que estuve al frente de la misma. Codo a codo con mis hermanos Javier y Ana, a los que debo mucho y deseo lo mejor en sus nuevos retos profesionales.

De esos más de siete mil días infalibles, recuerdo especialmente aquella madrugada de noviembre de 2002 en la que operaron a nuestro padre a vida o muerte: hasta ese amanecer uno de los hermanos Caballero estuvo al pie del cañón para dar el servicio de primera hora.

Deseo a través de estas palabras dedicar mi más sincero agradecimiento a compañeros de ahora y de siempre. Especialmente a Geni, Begoña, Nuria, “las Marías”, Jose, Elena, Carlos, Cristina, Jorge, Ángel, Pilar, Juan Antonio, Melisa, Silvia, Nisley, Alejandra, Teresa, Cristina, Margarita, Carmen, Roberto, Yasmina y ese entrañable casero llamado Rogelio. Sin olvidar a los cuatro brillantes informáticos, a cual mejor: Jesús, David, Rubén y Elena. También a nuestros compañeros de barco: Silvana, Javier, Laura, Andrea y Yoana, entre otros muchos. A todos ellos gracias por hacerme crecer como profesional y como persona.

Por supuesto, también a los centenares de clientes con los que me he relacionado durante todos estos años y que me han enseñado a ser mejor cada día. También a los proveedores y medios que con tanto cariño me han tratado siempre.

Para terminar, a las personas que me dieron la oportunidad de dirigir esta empresa durante 20 años. Gracias a ellos he sabido fijar mi rumbo en la dirección correcta y para muestra, estas palabras que ahora terminan. 

A mis compañeros y amigos, de corazón os deseo lo mejor.

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