De Madrid al cielo… pero que espere

Ahora que se discute tanto sobre la polución en Madrid, me ha dado por recordar la rinitis no alérgica y poco explicada que tengo precisamente desde que resido en la capital. Hace ahora diez años. Que no digo yo que sea culpa de los políticos que beatifican al comercio y los dueños de parkings, pero ahí me quedo con la incógnita.

Mi ejemplo es ridículo comparado con otras consecuencias derivadas de respirar basura. Supongo que para mis pequeños hijos, las consecuencias son peores todavía debido a la fragilidad propia de su edad. Por eso considero que toda prohibición me parece bien en relación a la restricción del tráfico. Y tengo varios motivos para apoyar estas medidas.

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  • La salud es la primera y la más obvia.
  • Si preservar el comercio y los parkings de la ciudad es la noble causa de los negacionistas urbanos, sinceramente les recomiendo que despidan a sus asesores de comunicación. Se ahorrarán dinero y un buen bochorno.
  • No creo en la gente. Especialmente en la que va hasta la puerta de la peluquería en coche o para en un carril bus para comprar cinco bragas por un euro. Basta de fomentar que la gente aparque en la puerta del sitio al que va. Luego se gastarán dinero en un gimnasio con escaleras mecánicas.
  • En Madrid hay muchas alternativas de movilidad: bicicletas públicas, coches eléctricos de pago por uso, una nutrida red de transporte público y aceras para caminar. Todo lo demás son excusas de medio pelo porque yo uso todo lo mencionado y me va de maravilla.
  • La culpa no es de la gente que tienen un coche de hace diez años que apenas usan. Que no me vengan con que me tengo que comprar otro, tras una crisis de despidos masivos y bajadas de sueldos generalizadas a la clase media. “Por solo 20.000 euros…” dice la marioneta del concesionario que sale en televisión.
  • Como pasó con la ley antitabaco, siempre hay gente con ganas de hacer el ridículo y ganar notoriedad. ¿Quién no recuerda a este hostelero malagueño en versión quijote desteñido?

En definitiva. Como no creo en el consumo desaforado, ni en los coches tanque estrenados cada tres años, ni en la obligación de vivir en una casa de cinco habitaciones que te aleje del lugar en el que realmente quieres vivir, como tampoco creo en los periodos de rebajas, ni en los de no rebajas que es cuando te engañan más todavía, como no creo en acumular bienes, ni propiedades, como tampoco puedo entender que consumir sea una forma de ocio ni de desarrollo personal… bienvenida sea toda prohibición a la circulación de coches, incluyendo el mío.

Porque en este caso y solamente prohibiendo, los que vivimos en Madrid seremos un poco más libres y tendremos mejor salud… que es un intangible, pero que es es nuestra vida y el cielo… puede esperar. 

AUTOR: Nacho Caballero

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