De animales a personas

Nuestro hijo mayor está a punto de cumplir tres años. Siento que es tiempo suficiente para tener una perspectiva de las consecuencias que hemos vivido en relación a las decisiones vinculadas con su cuidado y educación.

En este viaje, tal y como atestigua mi podcast sobre paternidad de forma un tanto cañera, he descubierto a muchas personas que aseguran poseer la verdad absoluta sobre la crianza ideal de los hijos. La mayoría de las veces se denomina “crianza con apego” y se suele caracterizar por: lactancia materna prolongada, porteo en lugar de carro y colecho indefinido… entre otras. Ver las 8 “B” de la crianza con apego

Por supuesto, en todos los casos se habla del vínculo especial que se establece con padre o madre como si fuera exclusivo de esa forma de criar a los hijos. Por lo general esto del vínculo se relaciona con estudios pero de una forma difusa. Voy a hacer un paréntesis antes de seguir. La lactancia materna es el mejor alimento para un bebé sin ninguna duda. Luego vuelo a ese tema.

Como decía al principio el argumento del vínculo mágico raramente se atribuye en igualdad a los malos padres como yo que no cumplimos con los mandamientos. Sin embargo y desde esta perspectiva de estos tres años, me suena todo a cuento chino viendo nuestra relación con nuestro hijo mayor y el efecto también beneficioso en su hermana pequeña.

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Algunas mitos que creo que merecen ser desmontados, porque tengo pruebas que corretean por los pasillos de nuestra casa.

  • Horarios y rutinas. Una de las premisas de la crianza con apego es que las necesidades del bebé están por encima de los horarios y deseos de los adultos. Esto está bien, pero sin volverse loco. Soy de los que piensa que tú te adaptas a tu hijo pero tu hijo se adapta a ti. En todo. Para nosotros, eso es lo sano. Tenemos unos amigos que viven lejos, que han abandonado toda su vida anterior por los horarios de su hija de cinco años. Los mismos que llevamos sin verlos porque nunca les viene bien.
  • Llevar al bebé encima y renunciar al carro. Aquí se habla de que los niños porteados tienen la vigilia tranquila y que son niños más calmados. ¿Comparado con quiénes? Nosotros hemos combinado el carro y la mochila… uy perdón, que la mochila es un sacrilegio con cierres de plástico frente al porteo genuino; el trapo ese complicadísimo de poner en cuyo intento se te puede caer tu hijo al suelo. Ironías aparte, nosotros combinando ambos sistemas sin distinción tienen vigilias tranquilas o duermen como  lirones con uno u otro sistema. Normalmente los talibanes del porteo también se quejan de la silla del coche que su hijo rechaza pero ahí no tienen alternativa. Bueno si, ir en taxi que puedes llevar a tu hijo como quieras.
  • El colecho. Este tema es uno de los más sangrantes. Vuelvo a la idea de que tú te adaptas a tu hijo y tu hijo se adapta a ti. Nuestros hijos duermen como lirones en su habitación desde que Alma tiene 4 meses. Con el sueño sincronizado. Ella en su cuna y él en su cama. Nosotros en nuestra habitación y la relación de pareja lo agradece tras en tsunami inicial que supone la llegada de los hijos.  Como consecuencia de esa relación de pareja sana y fuerte nuestros hijos reciben mucho amor de nosotros, pero también ven que sus padres se quieren y no han tirado por la borda su relación para darles “todo” a ellos. Toco madera, pero tanta crianza con “apego” te puede llevar a la custodia compartida. Un pan con unas tortas. Vale, yo tampoco tengo un estudio que avale semejante blasfemia.
  • La teta disponible 24 horas de forma indefinida. Alguien tiene que decirlo. Veo fatal que se critique a una mujer por dar el pecho en público, igual considero que se critique a una madre por dar el biberón. Su razones tendrá. Aquí vuelve el apocalipsis de los hijos que no son alimentados con la leche materna. Con “estudios” que no se especifican adecuadamente y que poco más o menos recomiendan la lactancia hasta los 6-7 años. ¿Y si no qué? Pues que según esos estudios que quedan en nebulosa tu hijo vivirá una vida jalonada de enfermedades terribles y su coeficiente intelectual estará mermado para siempre. Cuando queráis os presento a Óliver, nuestro hijo mayor que en un par de años nos gana al Trivial fijo.
  • La educación tildada de “adiestramiento”. En estos casos los gurús de la crianza ideal prefieren hablar de asesoramiento y someten todo a un análisis exhaustivo del llanto, como única forma de encontrar la clave mágica que de con la tecla sin que tu hijo se moleste. Como si la tolerancia a la frustración estuviera prohibida (más al contrario)… o el llanto de tu hijo no fuera una emoción tan natural como la risa o el enfado. ¿Repasamos Inside Out? También sería bueno ver cómo otros mamíferos tienen un sistema sofisticadísimo con sus crías desde que son muy pequeñas. Sus siglas son: E.S.P.A.B.I.L.A. que es tu vida, no la mía.

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Los defensores más light de la crianza con apego, encuentran la coartada en renunciar a objetos como el carro o la cuna en que sus hijos las rechazan y no tienen más remedio. En realidad pienso que es una versión maja del Síndrome de Munchausen, en la que los adultos dirigen o promueven el comportamiento de sus hijos con su lenguaje verbal y no verbal. Ahora, si se trata de que al más mínimo rechazo del niño a cualquier novedad los padres la eliminan, entonces vuelvo a la ausencia de la tolerancia a la frustración, que es un pilar fundamental para una vida emocionalmente sana.

Aunque no lo parezca, respeto a la gente que adopta esta forma de educación y crianza. Lo que llevo un poco peor es ese nivel de superioridad en el que se sitúan por norma general. El alarmismo y la trascendencia que dan a todo. Me recuerda a los nutricionistas que se ganan el prestigio criticando a la Nocilla como si fuera cianuro, cuando forma parte de la alimentación en su niñez y adolescencia. Incluso puede que lo siga siendo a escondidas entre post y post apocalíptico.

Para despejar dudas, nosotros estamos educando a nuestros hijos para que se vayan de casa cuanto antes. Yo personalmente considero que la relación con mi chica es el eje de todo, lo más importante para mantener todas las bondades que tiene nuestra familia. Quizá porque nuestros hijos no son la causa de que nos queramos, son la consecuencia. 

Como espectador de otras familias en estos tres años, tengo claro que muchos padres y madres piensan que la vida de sus hijos es una segunda oportunidad que ellos tienen de hacerlo mejor. Cuando en realidad los hijos no nos pertenecen, no son una propiedad y tan solo somos responsables de su cuidado y educación hasta que ellos la asuman por si mismos.

Hacer de mis hijos el principal y único sentido de mi vida es algo tan nocivo que terminaría envenenándome a mi y a ellos, por no hablar de la difunta relación de pareja.

Mi vida merece la pena y tiene sentido de forma autónoma a mis hijos, como la tiene la de las personas que deciden no tenerlos. A los que visto el paño, considero personas generosas viendo la energía que requiere sacarlos adelante y asumiendo un rol de padre presente e involucrado hasta las trancas.

La generación de los ochenta nos criamos en la calle y con los amigos. De una forma natural, en modo tribu y sin que nuestros padres leyeran ni un solo libro que sustituyera al sentido común. Ahora nos hemos ido al extremo contrario y los padres controlan y miden cada decisión que toman sobre la vida de su hijo, como si eso fuera a desencadenar una serie de tragedias que le harán drogadicto con 17 años, por aquel grito que le diste cuando tenía casi dos años por tirarte a la cara una figura de porcelana a medio metro de distancia en plena rabieta. ¿Serás cretino?

Despojar de nuestros hijos de una socialización adecuada y que vivan en los mundos de Yupi, suele desembocar en trágicas escenas a las puertas de la escuela infantil o el colegio cuando llega el momento. En las que, incomprensiblemente para mi, los primeros en llorar son los padres.

Como decía mi Yaya, en resumen…

Somos animales, pero nuestros hijos también son personas. 

 

 

 

 

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