Los padres suplentes y la gamificación

Hace tiempo que las noticias que vemos en la televisión da la sensación de no profundizar y quedarse en la anécdota. Resulta especialmente grave cuando no van más allá de analizar un hecho aparentemente banal, como casi todos los relacionados con el fenómeno Youtuber.

El tema en cuestión hace referencia al furor que causan y el éxito que tienen los canales en los que personas adultas, simulando voces infantiles, juegan con juguetes de sus hijos (o no) frente a una cámara. Generan historias ficticias que inmortalizan con sus cámaras para que luego hagan las delicias de sus jóvenes espectadores. Es ahí donde se queda el relato de la noticia.

Sin embargo y una vez más, saltó el comentario de mi compañera de viaje que volvió a poner el dedo en la llaga. “¿No se dan cuenta de que esos niños que ven esos videos, no juegan con sus padres y buscan alternativas en otros padres suplentes?” Puede ser cierto o no, pero como mínimo genera una reflexión interesante.

Hace tiempo escribí que la conciliación es como un sistema operativo global que influye en la persona desde su más tierna infancia, hasta determinar el adulto que será en un futuro. Y este caso no es una excepción.

Imagino situaciones en las que muchos de los niños que ven estos videos de Youtube en los que otros adultos hacen de padres suplentes, lo hacen porque sus padres les han dejado el móvil para que les dejen en paz o bien están frente a la pantalla mientras sus padres hacen otras cosas.

Por experiencia puedo decir que aguantar el ritmo de un hijo de tres años es agotador. Simplemente responder a sus preguntas, comentarios, cantar con él sus canciones y ponerse de rodillas o agachado para jugar con sus muñecos, requiere de una energía y dedicación que estoy disfrutando en mis propias carnes. Ya sea por una paternidad tardía o porque nuestro hijo despliega su inteligencia al máximo y a veces piensas: “he creado un monstruo”. De los buenos. ¿Quién no ha temblado cuando al hacerle una cabriola que pone en jaque la salud de tu espalda escuchas…?

– ¡Otra vez, papá!

Quiero decir con esto que yo también en ocasiones no puedo más y le digo que juegue solo un rato. Por suerte, con su hermana de un año cada vez juega más y comienzo a ver en el horizonte ese 4-2 en la edad de mis hijos, en el que los dos caminen y al menos uno ya no tenga pañal. Digo todo esto para desmontar la idea de que voy de padre ejemplar, nada más lejos de mi intención.

Ahora bien, de momento no hemos tenido la necesidad de darle el móvil para que se calle ni de que vea a otros “padres interinos” ejercer de lo que nosotros somos. Por supuesto que ha visto alguna vez uno de esos vídeos que resultan hipnóticos para ellos. Sin embargo, Óliver al poco dice: “Vamos a jugar”. Es como si ver esos vídeos, como le sucedió al ver 20 veces Toy Story 3, le dieran ganas de jugar con sus juguetes.

Siento que este post se mueva a medio camino entre la divagación y la teoría conspirativa, pero es que cuando los periodistas no hacen su trabajo a fondo con respondiendo a las cinco W del periodismo, es cuando hay vía libre a la especulación, el ensayo y la opinión más o menos defendible.

Game Over.

 

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