Cuando menos es más

Hace tan solo unos meses yo tenía un trabajo remunerado mensualmente. Ingresaba apenas el salario medio de un español en mi cuenta bancaria. Suena tremendo haberlo perdido, ¿verdad?. Si te cuento que fui fundador y alto directivo de esa empresa durante 20 años, igual el salto no parece tan grande.

Pero ese no es el tema.

La cuestión es que tras más de dos décadas recibiendo una nómina y sendas pagas extra en verano y navidad, todo cambió un 8 de noviembre de 2016. Ese día llegó un burofax que confirmó que el cadáver estaba muerto. Fin del viaje.

Como decía Shakespeare, el pasado es solamente el prólogo.

La siguiente pantalla no fue buscar de forma desesperada a otro Drácula que me chupara la sangre, ni a otra Blancanieves cuya poca altura la definía perfectamente y le facilitó agachar tanto la cabeza. La siguiente pantalla se había gestado durante meses y años para (sin saberlo) estar preparado para ese momento. Un instante en el que sentía que podía vivir con menos, con mucho menos que ese sueldo y el valioso tiempo desperdiciado en ganarlo. Este último, imposible de ahorrar ni recuperar

El verano anterior al Día D fue un verano de intensa purga. Entre mi chica y Marie Kondo, me hicieron un ERE de mis posesiones que lo redujo todo a la mínima expresión. Mi fondo de armario había perdido hasta la idea de fondo. Una sensación que venía de años atrás y que tenía que ver con cada vez necesitar menos. Hasta bolsas enteras de libros fueron donados a una ONG, incluyendo uno infumable llamado “A la hora de la siesta”. Un somnífero letal que fue candidato a chimenea.  A cambio de tanta salida de libro, adopté el sano hábito de coger libros de la biblioteca. Son gratis, los tienes un mes en casa y por ese motivo te los lees de verdad en ese tiempo. Bernie Sanders, qué gran baja en la historia reciente.

La venta de productos que no usamos a través de plataformas como Wallapop o Vibbo, también tuvo un papel determinante en esta purga de lo material. Acompañado de potenciar hábitos como el “no uso” de nuestro coche y su sustitución por bici eléctrica, coche eléctrico de pago por minutos o el coche de Fernando. Tú ya me entiendes.

Pero esto no es de ahora. Si por nosotros fuera, el consumo privado habría caído de forma estrepitosa antes, durante y tras la crisis. Nosotros somos felices con una conversación. Sobre todo en verano, nos salimos al fresco y con un planetario un tanto precario como el que te regala Madrid, podemos estar hasta pasada la medianoche.

Mochila ligera. Concepto que mi chica me dijo en 2006. Menuda semilla plantó.

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No echo de menos un trabajo que se llevaba mis mejores horas del día, no echo de menos un dinero que era la menos de la mitad de lo que me correspondía tras el saqueo de Drácula y Blancanieves, que cuando me decían “queremos que te jubiles aquí”, en realidad querían perderme de vista y que me fuera yo gratis. No echo de menos hacer que otras personas duerman a pierna suelta durante veinte años, a cambio de que yo duerma cinco horas durante el mismo periodo y con el móvil encendido. No echo de menos a personas mediocres que me consideraban más mediocre que ellos. No echo de menos al jefe casposo de frases a juego que balbuceaba ante los imprevistos, ni a la jefa que tenía el dudoso Don de convertir los tres en un ocho en los tickets de taxi. No echo de menos una historia de cuentas que en realidad eran cuentos.

Valoro el poder descansar porque mi conciencia está tranquila, también disfrutar de unos lunes al sol que no son lo que nos contaron. Trabajar en lo que realmente me apasiona, el contacto con la gente buena y que me aporta cosas positivas. Noto que me he limpiado a través de la natación y que he conectado conmigo mismo. Me siento calmado y situado en un punto de equilibrio que me ha permitido reabrir canales de comunicación cerrados desde hace años. Siento que soy lo primero en mi vida laboral también, porque solamente así puedo dar lo de mejor de mi a quienes más quiero. Aquellos que siempre han estado a mi lado. Aquellos que nunca fueron un punto débil, sino que se han rebelado como mis maravillosos aliados. 

Volviendo al principio. El vértigo económico tiene un antídoto, que es hacer de tu vida una experiencia vital auténtica en la que lo sencillo, te llene de satisfacción. En la que lo material represente lo menos posible. De esa forma el listón que tienes que saltar cada mes, es más asequible. Por ende, serás más libre para hacer lo que quieras con tu tiempo. Que no se puede ahorrar ni acumular. Se va para no volver.

Para entender este post y todo lo que he sentido, recomiendo el documental Minimalism que tuve la oportunidad de ver anoche.

Entender que no es tener que ganar más, sino necesitar menos. O como dicen al finalizar el documental. Ama a la gente y usa las cosas, porque lo contrario nunca funciona.

AUTOR: Nacho Caballero.

 

 

 

 

 

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