Mi hijo pega a otros niños. ¿Es normal?

Mi hijo pega a otros niños. Esa es la sensación que tiene un padre cuando en la escuela comienzan a decirte con cierta frecuencia que “tiene la mano larga” o que “hoy ha estado muy flamenco”. Mensajes encriptados que forman parte de la corrección política que rodea a nuestros hijos. Esa que ha terminado con las celebraciones de cumpleaños con chucherías por miles de padres fanáticos de las alergias alimentarias.

El día que es tu hijo el que va a casa con un mordisco en el brazo, vuelven a ser asépticos. Nada de nombres ni de señalar con el dedo. Si mi hijo pega a otros niños y de vez en cuando es él el que tiene señales de haber sido pegado, la falta de concreción de los acontecimientos ayuda francamente poco. Tanto en el modo como en la forma de ese “pegar”.

¿Qué quieren decir las profesoras cuando dicen que mi hijo pega a otros niños? Porque yo le observo en el parque y cuando hay un forcejeo entre dos niños por un juguete, no espero de ellos que se pongan a dialogar. Tienen tres años. Tampoco considero “pegar” a determinados niveles de trifulca o resolución de sus diferencias. Lo que me lleva a recordar escenas de la naturaleza en las que cachorros de león o de tigre hacen de las peleas parte de su juego. También lo hacen los simios o monos, más parecidos a nosotros.

El único antídoto que existe cuando veo que mi hijo pega a otro niño es estar presente, saber qué ha pasado y actuar en consecuencia. Mucha escucha y diálogo. Eso va limando sus aristas emocionales, dentro de una normalidad total.

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Alguno me dirá que he puesto ejemplos de animales salvajes y que nuestros hijos son personas. Lamento comunicar que por su bien, al comienzo de sus vidas son más animales que personas. Están en plena socialización y hay que darles un margen. No podemos convertir el hecho de que un niño de tres años no esté quince minutos sin rechistar en la “asamblea” de la clase, en un problema de comportamiento. De ahí a considerarle hiperactivo y comenzar con el pastilleo hay un triste paso.

Vuelvo al principio. Porque si mi hijo pega a otros niños, resulta que a la mayoría de los padres de la escuela infantil se les dice lo mismo. Lo tengo comprobado. Desaparece entonces la sensación de que mi hijo sea el problemático y aparece otra que indica que están en la edad de regular su lenguaje. El verbal y el no verbal. Y los padres somos su referente. Hay que estar con ellos dándoles tiempo de calidad y de cantidad. Otra vez máxima conciliación en la familia. 

AUTOR: Nacho Caballero

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