Talento destronado como síntoma

La última vez que he pensado en el talento destronado, ha sido cuando se ha filtrado que Gemma Nierga no va a ser renovada en su puesto de trabajo. A saber, más de 30 años en los micrófonos de la Cadena Ser. Sin conocer a fondo las causas de tal decisión, se barajan la caída de audiencia de su parcela del Hoy por Hoy, también el hecho de que le daba un toque demasiado “catalán” al programa. Esta sin duda es la causa que me parece más patética. Y también el hecho de rejuvenecer un poco la programación para no seguir perdiendo audiencia. Como si la voz envejeciera.

Como asiduo oyente de la Cadena Ser, he visto correr la misma suerte a diferentes profesionales que llevaban décadas en los micrófonos de la cadena de Prisa y que de pronto, aparecen con nuevos proyectos en las redes sociales y desaparecen de los micrófono tradicionales.

El talento destronado como fenómeno no tiene nada de nuevo, pero si que es un síntoma generalizado en las empresas que quieren mantener y aumentar los resultados año tras año. Empresas que si ganan 100 de forma neta, comienzan a tomar medidas para no acostumbrarse a ganar 80. Una de las medidas es hacerla más competitivas, divino palabro. Para ello, es necesario acabar con los “dinosuarios”. A saber, esos trabajadores con contratos antiguos que están repletos de derechos laborales como vacaciones pagadas, pagas extra e indemnizaciones millonarias en caso de despido improcedente. También esos contratos que pagan de forma solvente las pensiones actuales.

Para ello las empresas, lo digo con conocimiento de causa, son capaces de todo. Una de las principales argucias, alentada con la reforma laboral de 2012, es la de dar pérdidas como sea en los resultados empresariales. Aunque les basta con una caída de beneficios. Yo creo que hasta con un presentimiento. De esa forma, se garantizan el poder despedir por razones objetivas a 20 días por año trabajado. Una jugada redonda.

¿Qué se puede hacer para que prescindir de este talento destronado no tenga consecuencias en la calidad del producto? Muy sencillo. Confiar en que la exigencia de los consumidores cada vez es menor. Que la gente se conforma con la mediocridad en lugar de la profesionalidad de la experiencia.

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Con este panorama, nos tenemos que conformar con locutores que se confunden varias veces cada vez que hablan en los micrófonos de la SER. Me refiero a Juanma López Iturriagacuya medalla de plata está más explotada que la hija de Belén Esteban. Si quieres escuchar a un hombre equivocarse de forma infalible, sintoniza la Cadena Ser los martes a las 17:40.

Tener que soportar la mediocridad cuyo cimiento no puede ser otro que el amiguismo, nos lleva a la triste conclusión que solamente elevando al exigencia como consumidores, se puede revertir esa bola de nieve repleta de mentecatos y cabezas huecas. 

En este post podéis escuchar mi momento más cercano a una profesional de la talla de Gemma Nierga. Un talento que estoy seguro que alguien sabrá valorar y yo lo seguiré haciendo como oyente o espectador.

AUTOR: Nacho Caballero.

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