Las empresas suicidas

Son hijas de la última reforma laboral. Las hay por todas partes y deberían a estas alturas abrir un cementerio especial para ese tipo de fallecimientos. Hablo de las empresas que se quedaron sin alma, se tambalearon durante un tiempo efímero y finalmente murieron.

Hablo de las empresas cuyos dueños pensaron que sus consumidores son imbéciles y no iban a notar la bajada de la calidad. De esos no supieron unir la idea de coste y talento, pensando que reduciendo lo primero lo segundo no se vería afectado. Hablo de esos creadores de riqueza que pensaron que dividiendo por diez lo invertido en recursos humanos, la empresa no perdería humanidad.

Bienvenido al mundo de las empresas suicidas.

Era demasiado tentador. De repente, la legislación comenzó a permitir que hubiera organizaciones que pudieran desprenderse de empleados antiguos a un coste mínimo. Solamente había que figurar, intuir o presagiar resultados negativos en las cuentas y redactar un simple cuento. Fue entonces cuando se comenzó a considerar que en nuestra sociedad ser mileurista era un privilegio. ¿Te suena verdad?

Dicho y hecho. En el mejor de los casos, estos patronos amantes de lo vertical consiguieron que sus empleados más caros se fueran por su propio pie. En otros, fue necesario hacer despidos objetivos que reducían a menos de un tercio la indemnización por despido. Es más, si te la podías ahorrar incluso mejor que mejor. ¿Alguien ha dicho alzamiento de bienes? Bienvenidos al mundo real.

Todo esto con el inestimable analfabetismo de muchos trabajadores en cuanto a sus derechos en general y a los laborales en particular. Aunque quizá eso no se la más grave. Lo es que aun teniendo conocimiento de esos derechos, el miedo es mucho más poderoso que osar a rebelarse contra su jefe y contra un sistema en el que el que se mueva, no sale en la foto. Siendo incapaz de imaginar que una relación laboral sana es la que se establece de igual a igual. Tú me pagas y entonces yo de doy mi tiempo y mi trabajo.

Sea como fuere este fenómeno de las empresas suicidas está por todas partes. Son aquellas que han despreciado a profesionales con una probada solvencia y eficacia, por el simple motivo de que en tiempos de crisis es más cómodo reducir costes que innovar en el mercado y salir adelante con esfuerzo, honestidad y ganas de competir.

Quizá pienses que esto no te afecta. Te equivocas. Porque cada persona con talento que es despedida porque tiene unas condiciones laborales ahora inimaginables, en el otro lado estamos hablando de un consumidor que va a replantearse muchas cosas a la hora de invertir su dinero. Porque tomará conciencia de si mismo, apreciará otros valores que lleva en su ADN y quizá, deje de comprar el producto o servicio que vende tu empresa o se lo piense mucho más que antes.

¿Oyes ese ruido? Es otra empresa que acaba de echar el cierre porque quiso vender productos de calidad con costes precarios.

Fue bonito mientras coló.

TEXTO: Nacho Caballero

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