La que no se cogía vacaciones

Resulta paradójico que después de haber presumido durante años de no cogerse vacaciones, resulta ahora que la imagen que tenemos algunos de Cristina Cifuentes, es de una persona como poco holgazana en relación a su Máster. Ni fue, ni estudió y la aprobaron por su influencia bonita.

Es lo que tiene presumir de no tomarse un descanso para recargar las pilas y de paso, dar ejemplo a su equipo que seguramente se verá afectado por esa falta de conciliación.

Queda claro para todos que ese tiempo de vacaciones en el que seguía trabajando no lo dedicaba al Máster del que presume. Uno más en esa burbuja de la formación posgrado a la que espero que este caso ayude a poner freno, porque no es otra cosa que una privatización encubierta de la formación superior en la que la gente paga por trabajar.

Las vacaciones, como ya dije en su día en este blog, son un síntoma de conciliación sano y necesario. Es por ello que en descargo de Cifuentes debo decir que no es la única y que la imagen de trabajadora sin descanso que no puede conciliar, para mi ha dejado de decir nada positivo de la persona que enarbola esa bandera. Más bien todo lo contrario, representa a personas ineficaces que además trabajan mucho menos de lo que parece.

Hace ahora dos años escuché de la boca de bótox de mi ex jefa en una reunión, presumir que ella en ocasiones “se iba de la oficina a las dos de la mañana”. Esto nunca nadie lo pudo corroborar y está por ver qué quería decirnos con eso en pleno año 2016 y si esperaba algún elogio al respecto de tanta ineficiencia. Afortunadamente, os puedo contar cómo era un día cualquiera de esta mujer en su llegada a la oficina en tiempos de bonanza. Agarraos que hay curvas de tipo moral.

http_i.huffpost.comgen4624980imagesn-PAQUITA-SALAS-628x314

Era los lunes cuando llegaba entre las once y las doce de la mañana porque había estado en la peluquería, de la que salía lista para el casting de Armas de Mujer. Estaba en la oficina un par de horas hasta las 2 que se iba a comer. Entre pitos y flautas (todo muy freudiano) echaba tres horas en ese cometido. Llegaba a las cinco y hacía que sus trabajadores, ociosos hasta esa hora, tuvieran que bailar a su son y salir a las tantas después de haber desperdiciado las horas previas. Ella finalmente salía sobre las ocho de la tarde porque tenía que ir a un curso de escritura creativa, del que salió un libro infame que redactaron en gran parte algunos de sus trabajadores. Total, que tras el curso sobre las nueve y media o diez pasaba por la oficina para recoger sus cosas y llegar a su casa a las diez y media de la noche con cara de heroína. Echa cuentas de trabajo efectivo. Pues eso.

Tanto Cifuentes como aquella Paquita Salas tan particular que tuve que padecer son personas que quieren aparentar ser muy trabajadoras, porque no se cogen vacaciones o bien presumen de horarios eternos que les impiden conciliar. Cuando en realidad todo forma parte de un discurso trasnochado y pasado de moda en los tiempos que corren, en el que se ha demostrado que la mentira tiene las patas muy cortas.

AUTOR: Nacho Caballero.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s