Blablacar como forma de encontrar a buenas personas.

Desde que soy padre (2014), he tenido una cierta tendencia a pensar que el planeta no puede soportar que cada uno de nosotros use los bienes y servicios de forma individual. Eso me ha echado en brazos de lo que hoy se conoce como “economía colaborativa”.

Uno de los fenómenos a los que me apunté en primer lugar fue al de Blablacar y confieso que tuve que superar algunas barreras psicológicas. Sobre todo las relacionadas con pensar que un psicópata me iba a descuartizar y dejar tirado en una cuneta oscura a medianoche.

Una vez que me lancé, me di cuenta de que hay una generación completa que no quiere tener un coche en propiedad, sino que prefiere tener un smartphone que le permita hacer pago por uso de diferentes productos y servicios.

Una de las claves de este atrevimiento que mis amigos siguen viendo como algo temerario (cuando no cutre), fueron las reseñas que cada usuario de la plataforma de coche compartido, tiene a disposición antes de decidir si quieres compartir un viaje con alguien.

El sábado pasado fue mi último viaje hasta la fecha con gente de Blabacar y de nuevo la experiencia fue fantástica. Fue entonces cuando pensé en ese “currículum” sentimental y empático que suponen las reseñas que se encuentran en esta plataforma. Bajo mi punto de vista dicen mucho de cómo somos realmente, en la distancia corta… o larga. Depende del viaje.

AUTOR: Nacho Caballero

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